Un tema que suele presentarse mucho en las continuas disyuntivas filosóficas que se generan entre los defensores de algunas corrientes políticas, es la referente al individualismo, entendiéndolo como la búsqueda del beneficio propio aún a costa del perjucio de los demás. Por otro lado figura el colectivismo, entendiéndolo como la búsqueda del beneficio general, anteponiendo este principio a todo derecho del individuo a procurarse su propio bienestar y supervivencia.
Para entender todo esto, debemos ubicarnos en un plano filosófico e histórico, de acuerdo a algunos señores pensadores del siglo XVIII como el suizo- francés J.J Rousseao, la sociedad surgió de la necesidad de los individuos de agruparse para lograr metas y beneficios comunes, de ahí posteriormente se establecieron normas y surgió el concepto de "Libertad Civil", como concepción más avanzada y "civilizada" que la "Libertad Natural", en la cual se encontraba el hombre antes de que surgiera el modelo societario tal como lo conocemos hoy.
De este principio, entendemos que un individuo solo ante el mundo dificilmente hubiése podido avanzar más allá del primitivismo más elemental y que ya para el solo hecho de garantizar la supervivencia de la especie hacía falta una forma de asociación, por lo menos temporal; la del hombre y la mujer para poder procrear.
Existe un criterio más o menos unánime entre sociologos, politólogos y otros estudiosos de la sociedad, el ser humano y su conducta, tendiente a caracterizarnos como "seres sociales", interdependientes y así nos hemos estructurado. No obstante, el siglo XX fue escenario de experimentos sociales donde tanto el individualismo exacerbado, como el colectivismo llevado a sus últimas consecuencias terminaron dando paso a experiencias traumáticas, las cuales todavía hoy presentan sus nefastas consecuencias, teniendo ambas entusiastas promotores en la actualidad.
Desgraciadamente, pocos son los que entienden en la actualidad, que lo más importante es el equilibrio, el individualismo exacerbado conlleva a desequilibrios sociales, conflictos y niega la propia esencia de la sociedad; sin embargo el individualismo como tal no es malo, todo lo contrario, el ser humano tiene que tener la capacidad de lograr su propia autorealización, fortaleciendo su individualidad y dar rienda suelta a todo su ser. Los colectivistas niegan esta posibililidad, pretendiendo reducir al ser humano a un simple componente, uniformado y regimentado dentro de la "masa".
Si desde siempre las sociedades hubiésen estado compuestas de estos "hombres masa" los cuales son moldeados tanto por la sociedad de consumo de nuestra sociedad capitalista globalizada como por los totalitarismos colectivistas de antaño y olgaño; nunca hubiésen existido seres humanos formidables y dispares con el genio de Sócrates, Jesús de Nazareth, Leonardo Da Vinci, Galileo, Mozart, Simón Bolívar, Napoleón Bonaparte, Bakunin, Marx, Emile Armand, Oscar Wilde; entre muchos otros que han contribuido a la humanidad con pensamientos, creaciones e ideas que para bien o para mal han marcado el rumbo de toda nuestra especie.
Además, es importante diferenciar el individualismo del egoismo, el egoismo como tal ha sido el causante de desequilibrios sociales y económicos que tienen su origen en la codicia. Cuando una empresa aseguradora que presta servicios médicos, niega la cobertura a un enfermo (para ahorrarse cualquier cantidad de dinero) que posteriormente muere por una acción a su salud que podía ser curable, estamos en presencia de un hecho criminal, egoísta, de esos que una visión exacerbada de la ganancia individual (en este caso para dicha compañía) terminan generándose.
Existe una visión individualista más allá del modelo consumista actual, el individualismo genuino reivindica al ser humano, su esencia individual, y considera elementos masificadores y uniformizantes, tanto la cultura de consumo promovida en nuestra sociedad globalizada caracterizada por sus patrones de consumo voraz, como los modelos totalitarios colectivistas, en los cuales toda iniciativa individual es suprimida en pro del colectivo. Para estos efectos, ser individualistas, es atrevernos a ser humanos, genuinos, auténticos, sin permitir que ningún contexto nos etiquete y nos discipline, por así decirlo.
Para concluir esta breve disertación, algo que quiero plantear es que lo importante es entender, apreciar y practicar el equilibrio; individualismo y colectivismo no necesariamente han de ser terminos antagónicos, pueden ser conciliables y de ahí lograremos avanzar de forma más positiva hacia la edificación de un mundo mejor para todos. Sin embargo, el ser humano requiere de todo el espacio necesario para poder desarrollar su propia individualidad y así alzanzar el nivel de un ser social y libre.